Periodista español a Puerto Rico sobre el coronavirus: “Tómenlo en serio”

Artículo de opinión por:
Víctor Martín Molina, periodista español

Antes de nada, debo dejar algo claro para todo aquel que lea este texto: no soy científico. Ni epidemiólogo ni médico. Por tanto, estas líneas se basan en lo que leo de científicos en medios de comunicación españoles y extranjeros combinado con la experiencia personal después de una semana con el país en estado de alarma y en confinamiento social. En los siguientes párrafos quisiera explicarles cuál ha sido el desarrollo cronológico de los acontecimientos en torno al coronavirus en España, pues ahora mismo en el país sabemos que buena parte de América está atenta a lo que sucede aquí ante la posibilidad de que se desarrolle un escenario similar. Vamos allá:

El comienzo

Salvo algunas piezas en la sección internacional de los noticieros, España fue ajena al COVID-19 hasta que, en un hotel de la isla española de La Gomera, un hombre da positivo por coronavirus el 31 de enero. No es español, sino alemán, y tras hacerle el seguimiento de epidemiología –se trata de averiguar si ha estado en contacto con algún otro paciente contagiado o ha viajado a una zona de riesgo- se establece que el hombre tuvo contacto con una mujer contagiada en la ciudad alemana de Münich, que había estado en China. El ciudadano, sin síntomas graves, queda aislado en su hotel… y se pone en cuarentena el edificio entero, con todos sus huéspedes, durante 15 días.

Primera Pista. Se dice que probablemente el virus no sea más peligroso que una gripe común… pero sin duda se propaga mucho más rápido. El contagio es casi inmediato, pero no se manifiesta hasta los 14 días de entrar en el cuerpo. Es decir, y esto es importante para ustedes: podemos tener el virus en el cuerpo y estar dos semanas contagiando a gente cercana sin siquiera saberlo nosotros.

La cuestión es que a medida que avanza el mes de febrero, el virus se extiende por otros países. En España, apenas un caso nuevo cada dos días. Y en nuestro país vecino por mar, Italia, el día 21 de febrero se descubre el primer caso. Justo por esas fechas, una familia cualquiera de Vitoria, una ciudad pequeña y próspera en la región más rica de España, sufre la pérdida de un ser querido. La defunción ni siquiera se debe al coronavirus, pero este hecho lo rescataremos después. Dos días antes, el 19 de febrero, el Atalanta de Bergamo y el Valencia CF disputan un partido de la Champions League europea a estadio lleno. Una semana más tarde, Italia ya está por encima de los 600 contagios. Nuestro país acaba el mes con 33 casos, que se monitorizan de forma individualizada. Todo parece normal al empezar marzo, y en la sociedad española sigue presente la idea de que es más el ruido que la amenaza real.

La crisis

La semana avanza. Italia se sume en el caos. El 7 de marzo, en España estamos ya cerca de 500 casos y han fallecido ocho personas. ¿Se acuerdan del fallecimiento que les comentaba en Vitoria? Hasta 60 personas que estuvieron presentes en aquel velorio se contagiaron allí, y no solo eso. Era gente de cuatro lugares distintos, que dos semanas más tarde son cuatro focos de coronavirus. Las ciudades de Haro, Miranda de Ebro y la región de Navarra, además de Vitoria.

Y lo peor… empieza a descontrolarse en Madrid, que con el aeropuerto más grande de España recibe cientos de miles de personas a diario. Aquí llega el que sea, probablemente, el gran error del gobierno español en toda esta crisis. Y de los españoles como conjunto social también. Ese fin de semana, el domingo 8 de marzo, están previstas manifestaciones por el Día de la Mujer en todas las grandes ciudades del país, a la que acuden todos los partidos políticos del parlamento, menos uno. La propia Ministra de Igualdad, Irene Montero, ya está contagiada, aunque aún no es consciente. También la esposa del presidente del Gobierno y otra ministra más. El partido ultraconservador VOX, que no participó de ellas, programó un acto político propio en Madrid al que asistirían 9,000 personas. Varios de sus dirigentes están contagiados. Tampoco lo saben. La Liga de Fútbol continúa, se disputa la fecha 27 con todos los estadios llenos y en Valencia, cuarta ciudad del país, la fiesta de las Fallas congrega a cientos de miles de visitantes. Hay ciertas presiones para suspender todos los actos, que finalmente se mantienen.

Para el lunes, día 9, Italia decide cerrar la región de Lombardía y confinarla. Muchos lombardos y gente de provincias colindantes se marchan al sur del país, sobre todo los que tienen familia.  Es la gran región industrial del país, por lo que el mazazo económico que se prevé al detener la actividad es importante, eso seguro. Van creciendo los contagios detectados, a razón de 2,000 diarios. Los fallecidos superan los 200 por día, la Sanidad italiana emite señales de colapso. En España se empieza a rumorear sobre cierre de actividades. Los casos se duplican en 24 horas.

El martes, día 10 de marzo, se juega el partido de vuelta entre Valencia y Atalanta en plena onda expansiva de coronavirus. Se hace a puerta cerrada, sin espectadores. Unos días más tarde, se reportaba el contagio de seis jugadores del Valencia. Madrid ya es un foco, empiezan a crecer los fallecimientos y todo cambia muy rápido. Ya no se hacen seguimientos individualizados a los casos, son demasiados. Los índices de letalidad del virus son 30 veces superiores a los de la gripe. La idea de que son similares ha dejado de estar presente en el discurso de los medios de comunicación. Avanza otro día más y en los centros de trabajo de las instituciones públicas, el cierre es ya una probabilidad más que real. Los museos y salas de conciertos tienen orden de restringir su aforo. Cada vez más regiones van cerrando sus colegios –la potestad sobre la educación la ejerce cada gobierno regional en España-, pero ya todos miramos a Italia donde cada cifra diaria de contagios es mayor que el día anterior.

El cerrojo

El jueves, 12 de marzo, yo mismo –y disculpen por personalizar- salgo del trabajo en un día de calma tensa. A la mañana siguiente, cuando llego a mi turno, la puerta del edificio está cerrada. Llamo a la puerta y abre un policía. Se retira más de un metro para que pase. Hay tres personas esperando en la Oficina de Atención al Ciudadano que está en la planta baja del edificio. Todos fuera. Les van dando paso de uno en uno. Durante la misma tarde, los operarios públicos precintan todos los parques y playas. El mensaje: quédense en casa. Pese a que el abastecimiento está garantizado, en los supermercados se forman enormes colas de gente.

Para el sábado, día 14 de marzo, comparece el presidente Pedro Sánchez y decreta el Estado de Alarma. Solo se puede salir para trabajar –quienes no tengan opción de teletrabajo por internet-, comprar alimentos, poner combustible o acompañar a una persona mayor dependiente. También para pasear a los animales. No se puede hacer deporte en la calle, ni siquiera estar en zonas comunes de residenciales privados, y solo se puede salir de forma individual. Ni en grupos, ni con tu pareja. Solo en caso de acompañar a un discapacitado o dependiente. Las multas por desobedecer a la autoridad son de hasta 600,000 euros –unos 640,000 dólares-, y hasta un año de cárcel para infracciones graves. La policía ejerce controles y emite por megafonía la orden de quedarse en las casas. Todos los bares y comercios que no sean de primera necesidad están cerrados. Conciertos prohibidos y museos clausurados. Así cambió todo en apenas dos días.

A medida que avanza la siguiente semana, el Ejército se empieza a desplegar en las calles para desinfectar los alrededores de hospitales, aeropuertos –ya pocas aerolíneas operan en España- y estaciones de tren cada vez menos concurridas. Solo se puede repartir comida a domicilio. Pero como el virus tiene dos semanas de ‘retardo’, las cifras de contagios y fallecimientos siguen creciendo. Ya superamos los 30,000 contagiados y las 2,000 personas muertas. También se han curado oficialmente más de 3,000 enfermos.

Este domingo, el presidente Pedro Sánchez anunció que va a pedir la prorrogación del Estado de Alarma. Presumiblemente se aprobará, y estaremos en esta situación como mínimo hasta el 11 de abril. El presidente dijo que ahora llega “la ola más dura”, textualmente, y aseguró que esa ola nos pondrá “al límite psicológico” a todos los españoles. En Italia se van sumando 600 muertos por día, aquí ya contabilizamos más de 300 nuevos fallecidos diarios. Todos los días, a las 8 de la tarde, salimos a los balcones a aplaudir al personal sanitario que se está jugando la vida para salvar la de los enfermos. Así pues, un pueblo tan callejero como el español va a estar encerrado en casa, por lo menos, un mes. Las mascarillas de protección han disparado su precio. Una caja que hace un mes costaba dos dólares, ahora puede costar perfectamente 500.

Centro de Málaga
Centro de Málaga, desierto por el decreto de distanciamiento social. (Suministrada)

Reflexión para que eviten errores

España va a empezar, en esta semana, a hacer una producción nacional de mascarillas y equipos sanitarios de protección, con la intención no solo de abastecer a su personal sanitario, sino también hacer un acopio que quede en una reserva estatal, por si en próximos años sucede otra epidemia parecida, ya que existe la posibilidad de una mutación del virus. En España ya no hay vuelta atrás, pero ustedes aún tienen tiempo para minimizar los estragos.

Por lo que he podido leer de su país, suman algo más de 30 casos y la gobernadora decretó el confinamiento hace ya una semana, incluso con un toque de queda nocturno. Mi único consejo es que lo cumplan al pie de la letra. Aquí, cuando el foco de Madrid se descontroló, algunos madrileños –piensen que Madrid tiene la población de todo Puerto Rico- se marcharon a regiones de la costa donde tienen residencias de vacaciones. Días después se han dado casos de contagio en esos lugares, por lo que estas personas actuaron de transmisores sin saberlo.

En realidad, el virus no tiene por qué ser una amenaza para sus vidas siempre que se aíslen. Lávense las manos periódicamente durante al menos 40 segundos, mantengan la higiene y eviten tocarse boca, nariz u ojos si las tienen sin lavar. Mantengan distancias superiores a un metro con otras personas y no salgan salvo para lo estrictamente necesario, es la forma de bajar su carga viral –el número de virus que tiene uno en su cuerpo, y que nuestro organismo puede combatir sin enfermarse- y evitar una complicación. Cuando hay un contagio con carga viral alta y el cuerpo no puede combatirla, si se agrava puede derivar en neumonías muy graves y hasta mortales. Las personas que sufran de asma, hipertensión o alguna patología previa, así como los mayores de 60 años, son población de riesgo. Son la gente más vulnerable y precisamente los que más necesitan de su colaboración. También por ellos hay que quedarse en casa, ya que el 70% de los fallecidos en España estaban en estos grupos de población.

España tiene uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, pero en algunos lugares -sobre todo en la región de Madrid- ya está completamente colapsado. Hasta el punto de que el Ejército ha habilitado un pabellón de ferias y congresos como hospital, con 5,500 camas. Imaginen pues la magnitud de esta crisis. A nosotros nos ha cambiado la vida en horas, y pasarán muchos meses hasta que podamos recuperar nuestra actividad normal al completo.

Espero que toda esta explicación del caso español les sirva para no cometer los mismos errores. En España no se recuerda una crisis humanitaria igual desde la Guerra Civil, hace ya 80 años, y al principio nos lo tomamos como una broma. Un juego. El único sacrificio que se nos pide –y ahora también a ustedes- es quedarnos en casa. No salir. Sabemos que las casas se pueden hacer agobiantes, pero es la única manera de frenar al virus y que no les afecte. Sin solidaridad, todos los países están abocados a una epidemia de gravísimas consecuencias humanas, sociales y económicas. Tómenlo en serio, porque ya va para allá y un exceso de confianza puede tornarse en tragedia.

Sobre el autor: Víctor Martín Molina es doctor en Periodismo por la Universidad de Málaga, España, y actualmente miembro del gabinete de comunicación del municipio de Torre del Mar.

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