Conduciendo la Black Pearl, una moto-locomotora

Por: Motociclismo.es | Rolf Henniges | Fotos: Jörg Künstle /

Volamos hasta Holanda para conocer un espécimen único.

Me dirijo a Eck en Wiel, Holanda. ¡Holanda! En ese país, donde la droga es barata y la tierra plana como una balsa de aceite, parece que a la gente se le ocurre ideas estrafalarias. Me han invitado a dar una vuelta en moto-locomotora. El fabricante, René van Tuil, ya ha ganado premios en diversas exposiciones con esta extraña criatura. La máquina en cuestión se las trae. A nadie se le había ocurrido antes fabricar una moto con un motor así, pero es que además René le ha incorporado algunos detalles ingeniosos. Así, bajo la caldera arden brasas de pega. El invento es tan realista que muchos le acercaban la mano para ver cómo de caliente estaba. En realidad, no son más que unos LEDs de adorno. Además, la moto de René puede emitir el típico silbido de las locomotoras de vapor al accionar un botón. Me dice que cuando lo hace, los transeúntes dan un respingo. Estoy en ascuas…

Eck en Wiel es un pueblecito de unas 1.700 almas, cuyas casas se desparraman como setas sobre verdes prados. Para llegar hasta la de René hay que atravesar un dique que protege la región de las crecidas del Nederrijn. Ante el garaje de René ondea una bandera estadounidense, y dos carteles anuncian que se trata de un “Authorized Zodiac Dealer” y “Motorcycle Storehouse Dealer”. Allí nos espera el maestro. Con su 1,93 de altura, René van Tuil es delgado y larguirucho. Vaqueros negros, camisa de franela, chaleco de cuero Harley, viejas botas militares, cadena de acero con monedero, pelo rojo y sonrisa paternal. “¡Entrad! El café está caliente”.

El currículum de René podría compararse con el de Charles Bukowski: cocinero, repostero, pastelero, ayudante de laboratorio y cerrajero. Y todo lo que ha aprendido en ellos lo ha hecho de forma autodidacta; él solito. Lleva desde 1990 conduciendo Harleys y desde 2007 regenta su propio taller montado en una propiedad de sus padres. Se gana el pan realizando reparaciones y customizaciones a motos de sus clientes. Cada vez que se le ocurre alguna idea, por delirante que ésta sea, la pone en práctica. La moto de vapor con diseño de locomotora que René ha bautizado como Black Pearl, es inmejorable ejemplo de ello. “En principio, la idea ya existía”, sonríe René: “un diseñador industrial americano llamado Colby Higgins había diseñado algo similar. Le escribí varias veces. Quería saber si tenía inconveniente en que yo llevara a la práctica mi propio proyecto, pero nunca me contestó.” Así que el holandés se puso manos a la obra. Su Black Pearl estuvo lista en ocho meses, casi como el que no quiere la cosa.

La idea ya existía, diseñada por Colby Huggins pero nunca me contestó.

René toma un gran sorbo de café y enumera brevemente las piezas de Harley-Davidson que montó en su Black Pearl. El manillar, los amortiguadores y las ruedas. “El resto es improvisado”. Durante media hora larga, el ingenioso holandés me explica elfuncionamiento de las numerosas válvulas reductoras de presión, los indicadores, las palancas y, en suma todo lo que hay que vigilar o accionar para poner en marcha este armatoste de 400 kilos, mientras juntos la empujamos fuera del taller. Bajo un cielo cubierto de nubes altas, René se lía un cigarrillo y, exhalando el humo como una ballena al subir a la superficie para respirar, refunfuña: “Tenía que haberte avisado antes. La Black Pearl corre, como mucho, a diez kilómetros por hora. No es tan fácil conducirla. . .” ¿Cómo que no es tan fácil? ¡Con lo sencillo que me había sonado cuando me lo estaba explicando!

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Un compresor a gasolina genera una presión de hasta diez bares. A través de tubos de cobre y válvulas, el aire es conducido hasta un tanque de presión. Desde allí pasa a un cilindro neumático de tres pistones a través de una válvula accionada mediante el acelerador. Éste acciona la rueda trasera mediante unas barras, del mismo modo que lo hace una locomotora de vapor. Todo bastante sencillo. Sin embargo, no puedo evitar sentir respeto ante la inmimente prueba. Respeto… o miedo, llámalo como quieras.

Su viejo asiento de tractor, que un cliente regaló a René en alguna ocasión, está bastante duro. En el tronco de la “locomotora” hay instalado un gato cuyos pies sirven al mismo tiempo de estribos para el piloto y de caballete cuando la moto está aparcada. Abro dos válvulas reductoras de presión y empujo la palanca, de modo que el conducto entre la caldera y el cilindro hidráulico queda abierto. A continuación debo comprobar rápidamente que otras enormes palancas se encuentren apuntando en sentido de la marcha porque de lo contrario, al darle al acelerador, el invento se desplazaría hacia atrás.

OK, ahora toca girar lentamente el acelerador. Ch-Pu-chis- puuu-chis-puuuu… con ruidos similares a los de una verdadera máquina de vapor como las de las películas del Oeste, la Black Pearl se pone en marcha. “La velocidad no cambia”, me explicó René. “Sólo que cuanta más presión tengas en la caldera, más par motor tendrás”. Según él, el máximo par que es capaz de desarrollar ronda los 190 Nm. Bien, pero, ¿eso es mucho o poco cuando de lo que se trata es de mover 400 kilos? Pues, no parece que demasiado. A diez kilómetros por hora es capaz de ir hasta un peatón con prisas. Pero según me cuenta su artífice, para permitir mayores velocidades, debería modificarse el control del cilindro neumático. Sea como sea, hoy he conseguido cumplir mi sueño de infancia de ser maquinista e incluso hacer sonar su silvato. Un cable permite activar este accesorio, que emite perfectamente el típico sonido de locomotora. “La pieza original costaba 4.000 euros, así que ésta me la he fabricado yo”, sonríe René. Y lo mismo ocurre con el freno cuyas piezas principales provienen de un Ford de 1929 y actúan mediante el mecanismo proveniente de un extintor. Visto lo visto, estarás de acuerdo conmigo en que uno se alegra de que la Black Pearl no corra más.

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